viernes, septiembre 07, 2007

Embarazo en adolescentes

Por GERMÁN SALAZAR SANTOS, director Unidad de Adolescentes, Fundación Cardio Infantil.
A NUESTROS BISABUELOS no les costó mucho trabajo impedir que sus hijas perdieran la virginidad. Las ponían a rezar o a coser porque en sus tiempos la inocencia de la infancia se prolongaba hasta los 14 años, edad en que llegaba la primera menstruación, y a partir de ese momento la tentación era, si acaso, leer a la cándida María de Jorge Isaacs. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, la niña estaba ya en "edad de merecer" y por eso entregarla intacta en el altar resultaba muy fácil.
Hoy las cosas son a otro precio: la primera menstruación se presenta hacia los 10 años, es imposible poner barreras al bombardeo sexual de los medios, el matrimonio se planea sobre los 30 años y resulta ridículo pensar en la posibilidad de tener a la niña rezando o bordando durante dos décadas.
Los colombianos tienen su primera relación sexual más o menos a los 15 años, según un estudio que realizamos en la Fundación Cardio Infantil, y una de cada cinco adolescentes ya es madre. La crisis de la educación sexual ocupa titulares casi a diario y desde los distintos los frentes disparan iniciativas para evitar el embarazo de adolescentes: los biologistas sugieren repartir condones a diestra y siniestra, y los moralistas invocan el estilo de vida de nuestras abuelas, a quienes la vida les dio un margen muy estrecho para que sus hormonas se les alborotaran durante la soltería. Curiosamente, los que menos se tienen en cuenta son los protagonistas de la historia: los mismos adolescentes, que suelen ser vistos como una masa uniforme carente de individualidad.
El problema de los dos extremos es que se sustentan en falsas premisas. Por una parte, es casi imposible frenar "el gustico" al que ha hecho referencia el presidente Uribe, cuando éste ha comenzado. Los programas que promueven la abstinencia sexual hasta el matrimonio -política del actual Gobierno estadounidense- han demostrado ser un fracaso, en especial por la forma absurda en que niegan a los seres humanos su carácter sexuado. Han resultado más realistas los proyectos encaminados a un inicio sexual sin genitalidad y al retraso de la primera relación.
Por otra parte, resulta falsa la creencia en el sentido de que el incremento de los embarazos entre adolescentes se origina en problemas de acceso al condón o en la falta de ilustración al respecto. Todo lo contrario: la información abunda, como lo demostró uno de los estudios realizados por nuestra institución y según el cual el 95% de los adolescentes tiene un buen conocimiento de los métodos anticonceptivos.Frente a esta realidad sólo cabe preguntar por qué es tan baja la percepción de los riesgos. Según el mismo estudio, sólo el 63% de los adolescentes cree que puede contraer una infección de transmisión sexual, y el 57% que existe la posibilidad de un embarazo. Para rematar, apenas el 38% utiliza condón. Así pues, es urgente establecer cuáles son los factores que motivan esa actitud temeraria frente a la sexualidad.
Venganza consumada
Echando mano de conceptos del psicoanálisis, es posible afirmar que el embarazo entre adolescentes suele ser una forma de parricidio, un recurso para lesionar a unos padres que abandonan. Una infancia en la que no se adquieren autoestima, límites claros y capacidad para superar las adversidades, es una infancia incompleta. Cuando estos procesos no se resuelven, el adolescente confronta a sus padres, se acerca a sus compañeros que supuestamente sí entienden sus necesidades y, en forma retadora, se siente mucho más propenso a asumir conductas de riesgo. El embarazo adolescente es, por lo general, una forma de escapar de un núcleo familiar disfuncional.
La escasez de tiempo para compartir con los hijos ha conducido también a que los padres dejen al colegio la responsabilidad de la educación sexual y, en general, la formación en valores. La paradoja es que los colegios, enfocados en la excelencia académica, asumen que la enseñanza de valores corresponde a los padres.
Y la verdad es que así debería ser: los padres son los primeros responsables de la educación sexual, incluso desde antes del nacimiento de sus hijos. Porque la verdadera educación sexual comienza con ofrecer condiciones adecuadas al nuevo ser, con un embarazo tranquilo, con garantizar una figura paterna y materna, y continúa con educar, escuchar, fomentar la autoestima y establecer límites: no amamantar al niño cada vez que quiere, no cargarlo todo el tiempo y separarlo de la cama en el momento adecuado. En resumen, la tríada que sostiene la educación sexual es: autoestima, tolerancia al fracaso y límites. Todo esto significa aprender a respetar a los demás y a uno mismo.
Los padres son imprescindibles, pero las actuales condiciones también obligan al sector educativo y al de la salud a tomar cartas en el asunto. Así como los maestros deben enseñar los aspectos biológicos de la sexualidad y contribuir desde una perspectiva humanística a la construcción de proyectos de vida, los médicos deben aprovechar la confidencialidad que ofrece el consultorio para identificar los problemas individuales de cada adolescente y absolver sus dudas particulares.
El sector de la salud aún ignora el gran aporte que puede hacer para mejorar la educación sexual. Desconoce que el consultorio médico es un escenario idóneo para detectar si un adolescente es víctima de matoneo, cuál es la actitud de los compañeros en relación con las drogas o el sexo y cómo está su ambiente familiar. El análisis de estos factores da una dimensión del riesgo que cada uno corre en relación con su salud sexual y reproductiva, y permite la adopción oportuna de medidas preventivas.Ninguna institución debe voltear la espalda frente a la realidad de que van en aumento los embarazos de adolescentes. No obstante, si padres, maestros y médicos no hacen los aportes más importantes, cualquier esfuerzo desembocará en el fracaso. Nadie puede quitarle a otro el derecho a la sexualidad, pero todos estamos en el deber de practicarla y enseñar a practicarla en forma responsable. 16,2 EDAD PROMEDIO en que las mujeres tienen su primera relación sexual.14,5 EDAD PROMEDIO en que los hombres tienen su primera relación sexual.
Tomado de la revista Cambio; viernes 07 de septiembre del 2007
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